lunes, 19 de septiembre de 2011

La mirada evaluadora



Muchas veces, en mis clases, intento recuperar las experiencias que cada estudiante del profesorado ha tenido a lo largo de su biografía escolar, porque – les digo –son las que nos marcan una vez que estamos frente a un grupo de niñ@s. En realidad, nuestro ser docente comienza a construirse desde la primera vez en nuestra vida en la que pisamos una institución escolar. Y en algún rincón de nuestra mente y nuestras emociones conservamos las buenas y malas situaciones por las que atravesamos, junto con los olores, los sabores, los matices, los objetos de aquellos momentos.
Y cuando nos enfrentamos por primera vez a un grupo, comienzan a aparecer - muchas veces sin que sepamos de dónde - reacciones, palabras, gestos, actitudes, que pertenecieron a aquellos docentes que – para bien o para mal – dejaron su marca en nosotros.   
Hace unos años, una estudiante me contó que, en la escuela secundaria, una profesora le había ordenado que se quedara callada. Pero una vez que logró su objetivo, no le alcanzó con eso, sino que le pidió que no siguiera pensando porque – le dijo – podía leer hasta en su mente, que no estaba concentrada en el tema.
Y ahí corroboré que la escuela no sólo ha condicionado nuestros cuerpos, nuestro lenguaje, nuestras ideas. Parece que,  también, nuestros secretos.

Lista de prioridades de cada día:

Entusiasmar sin imponer
Dejarse sorprender
Cerrar los ojos y confiar
Preguntar lo que no sé
Compartir la incertidumbre
Habilitar las emociones
Respetar los silencios
Validar las opiniones.
Nombrar la esperanza.

domingo, 18 de septiembre de 2011

¿Estaré a la altura de las circunstancias?

Dos preguntas clave en educación:

¿En qué niñ@ piensa un docente cuando planifica?
¿En el niñ@ real que tiene a su lado?
¿En el niñ@ que fue?
¿En el niñ@ que no pudo ser?
¿En el niñ@ ideal que ha construido en base a sus teorías?

¿Qué docente necesita un niño, hoy?
Un docente que se apasione por lo que hace.
Un docente que reflexione acerca de sus prácticas.
Un docente que enriquezca día a día  su mundo cultural.
Un docente que vea en los alumnos, personas que sienten, se emocionan y tienen necesidad de expresarse.